La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las ordenes.
Charles Bukowski
jueves, 17 de abril de 2008
Conceptos
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
Torturador y espejo
Mirate así
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia qué paliza paterna te generó cobarde qué tristes sumisiones te hicieron despiadado
no escapes a tus ojos mirate así
ónde están las walkirias que no pudiste la primera marmita de tus sañas
te metiste en crueldades de once varas y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos mirate así
aunque nadie te mate sos cadáver
aunque nadie te pudra estás podrido
dios te ampare o mejor dios te reviente.
(Mario Benedetti)
qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia qué paliza paterna te generó cobarde qué tristes sumisiones te hicieron despiadado
no escapes a tus ojos mirate así
ónde están las walkirias que no pudiste la primera marmita de tus sañas
te metiste en crueldades de once varas y ahora el odio te sigue como un buitre
no escapes a tus ojos mirate así
aunque nadie te mate sos cadáver
aunque nadie te pudra estás podrido
dios te ampare o mejor dios te reviente.
(Mario Benedetti)
domingo, 13 de abril de 2008
Inmigración
Hace algunas décadas, millones de españoles, salieron del país en busca de pan y de alguna oportunidad de vivir mejor. Las condiciones de vida en la inmediata postguerra y en los sucesivos años eran desastrosas. Si a eso, añadimos el rigor de la dictadura, nos encontramos con un panorama realmente desolador.Muchos fueron hacia América latina pero, la mayoría, llevaron su periplo por Europa (Francia, Alemania y Suiza sobre todo).
Había un efecto llamada con lo cual, solían hacerse guetos de españoles y entre ellos, de andaluces, gallegos, extremeños, etc.
En el caso de mi familia y compaisanos, el destino fue principalmente Francia y en su mayoría, París. Allí se encontraron con inmigrantes de otros países con los que rivalizaban, cuanto más pobre era el país de proveniencia, mayor era el grado de recelo y desprecio. Los nuestros quedaban en una situación más o menos cómoda pues había una importante afluencia de argelinos debido a la colonización y expoliación de Argelia por parte de los franceses.
Esto no quitaba sin embargo, el recelo hacia la mayoría de extranjeros por parte de la población autóctona quienes también tenían sus preferencias, no era lo mismo un argelino que un español pero tampoco era lo mismo un español que un italiano por ejemplo.
Los extranjeros que sí eran bien vistos, llegaran de donde llegaran, eran los que tenían dinero e invertían en negocios y hacían “más grande” el país, no importaba su procedencia, eran ricos.
Evidentemente, los extranjeros hacían los trabajos que los oriundos ya no querían hacer, eran explotados y amenazados con tener o no papeles, dormían varios en la misma habitación con el sistema de camas calientes, trabajaban todas las horas del día y todos los días de la semana pues ansiaban ahorrar algo de dinero y volver a sus lugares de origen.
Todo esto forma parte de un pasado muy reciente de nuestra historia. No creo que haya nadie de los que estén leyendo esto que no haya tenido parientes o conocidos que hayan vivido esa historia con mayor o menor ventura.
Ahora estamos viviendo la misma historia pero al revés, somos nosotros los que acogemos, los que recelamos, los que explotamos, los que asediamos. Es muy triste que la historia no nos enseñe nada pero, no porque no tenga nada que enseñarnos, sino porque no somos receptivos. Estamos en una posición muy cómoda y nos da pereza pensar. Es más fácil que nos digan lo que tenemos que hacer y lo que debemos pensar y así, si un inmigrante delinque, todos son delincuentes y lo mejor es devolverlos a su país. No entiendo por cierto por qué, si el delincuente es de Cuenca por ejemplo (no tengo nada contra ellos) no se le aplica el mismo criterio; quizás sea más difícil reconocer por los rasgos faciales a un nativo de esa ciudad que a un árabe, volvemos a ir a lo más fácil.
A este punto, me gustaría recalcar dos tipos de inmigrantes; ambos tienen en común nuestro paso destructivo por sus tierras en el “glorioso” pasado del imperio (y digo nuestro paso con dolor pero sin poder desprenderme de una cierta sensación de culpa por lo que hicieron nuestros antepasados; o no sentiríais un cierto malestar si vuestro padre fuera un asesino en serie, o un torturador) y la pobreza. Y ahí radica la diferencia, por norma general, los que vienen de América del sur o de Asia y últimamente de la Europa del Este; vienen porque en sus países de origen, las oportunidades de medrar son muy escasas y piensan, ilusos, que aquí podrán hacer fortuna. Evidentemente a unos les va mejor que a otros pero, por lo general, si bien es cierto que probablemente viven mejor que en sus tierras, no es menos cierto que tienen que pasar por situaciones humillantes y denigrantes para, una vez puesto todo en la balanza, dudar de si valió la pena haberlo dejado todo para el resultado obtenido.
Luego están los verdaderos desheredados, los que vienen de África, los que no vienen a mejorar su situación sino a no morir de hambre, los que no temen morir en el intento de llegar porque lo que les espera si se quedan es eso, la muerte, los que vienen de lugares donde los niños mueren a millares por falta de alimentos y medicinas, de lugares que hemos expoliado y que aún hoy subyugamos no ya bajo el yugo de las armas, sino bajo la prepotencia de nuestro dinero que compra gobiernos y con ellos, las riquezas naturales de los diferentes países.
No acepto que no se entiendan los motivos por los que hasta aquí llegan, que se les margine, que se les explote, que se les odie, que se les humille, que se les quiera echar, como si la tierra tuviera dueños. Aunque os obcequéis en trazarlas, las fronteras no existen.
Desprecio profundamente a estos xenófobos que han olvidado sus orígenes pues, hayan nacido donde hayan nacido, en algún momento de la historia sus antepasados se trasladaron desde algún sitio hasta donde ahora habitan; guste o no, todos somos inmigrantes.
Desprecio profundamente a los que no aceptan entre nosotros a los exiliados del hambre.
Manolo Martínez
Abril 2008
jueves, 10 de abril de 2008
Si dios fuera mujer
¿Y si dios fuera mujer? pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce su pubis no de piedra sus pechos no de mármol sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos sida o pánico nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno con sus brazos no cerrados su rosa no de plástico y su amor no de ángeles ay dios mío dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué lindo escándalo sería qué venturosa espléndida imposibe prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
vaya vaya si dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce su pubis no de piedra sus pechos no de mármol sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos sida o pánico nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno con sus brazos no cerrados su rosa no de plástico y su amor no de ángeles ay dios mío dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué lindo escándalo sería qué venturosa espléndida imposibe prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
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