Las protestas ciudadanas que han tenido lugar en varias ciudades españolas desde el 15 de mayo y que se extenderán como mínimo hasta el 22 de mayo, día de las elecciones, constituyen de momento una elocuente reivindicación de una agenda social que la clase política estaba (y sigue) ignorando olímpicamente durante la campaña.
En España está ocurriendo algo grande, aunque todavía no sabemos qué es, ni cómo se canalizará.
Por lo pronto, lo que se dirime el 22M es la composición de los gobiernos locales y regionales, que en la mayor parte de los casos no tienen competencias sobre buena parte de los asuntos reinvindicados por los manifestantes. Además, las protestas se orientan también a castigar electoralmente a los dos grandes partidos nacionales (PSOE y PP) y a un partido catalán (CiU) por haber aprobado con sus votos una ley que penaliza a los usuarios de la red para proteger los intereses del lobby de las industrias culturales.
Aunque el movimiento, a tenor de las etiquetas que lo describen en Twitter, tiene una identidad difusa (#acampada #acamapadasol #democraciareal #democraciarealya #nonosvamos #nolesvotes #spanishrevolution #yeswecamp), es previsible que tenga un impacto moderado en la artimética electoral del 22M (seguramente estimulando la participación y distribuyendo el voto entre partidos nacionalistas y minoritarios), y un impacto de mayor calado a medio plazo con motivo de las elecciones nacionales en 2012. Para ese entonces, o el movimiento se articula de forma política, o bien los partidos en liza que aspiren a captar el voto de los cabreados tendrán que incorporar en sus programas las reivindicaciones que los manifestantes han trasladado desde las redes sociales a las calles de España.
Finalmente, no hay que descartar una proyección europea que trascienda las manifestaciones ante las embajadas españolas y prenda la llama de otros descontentos latentes, que no son pocos.
Mientras tanto, en la clase política (que entiende esto mejor de lo que le conviene reconocer), unos miran para otro lado apretando los dientes y otros esperan pescar algún voto en un río revuelto que puede llevarse muchas cosas por delante.
Estamos pasando de una pretendida política 2.0 a una reivindicada democracia 2.0, pero todavía no sabemos cómo funciona, ni que efectos secundarios tiene.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Rebélate
14 de abril de 2011
Este artículo es una reflexión sobre el presente tomando el pasado
como guía de a dónde debiéramos ir. Después de todo, los valores
republicanos son la máxima expresión de los valores democráticos
que tendríamos que sostener en un sistema político, en el cual cada
ciudadano tuviera la misma capacidad decisoria en la gobernanza del
país, sin cortapisas o leyes electorales que den más peso a unos que
a otros, como está ocurriendo en España. La Transición inmodélica de
la dictadura a la democracia produjo una cultura escasamente
democrática y un proceso electoral que estaba diseñado –como han
reconocido algunos de sus diseñadores– para debilitar a amplios
sectores de las izquierdas. Ello ha determinado que, aun cuando las
encuestas muestran que la mayoría de la población española está en
el centro-izquierda e izquierda, las políticas de izquierda (a pesar de
grandes avances) no han dominado la mayoría del comportamiento
legislativo durante el proceso democrático. El sustancial retraso del
Estado del bienestar español (con el gasto público social per cápita
más bajo de la UE-15), 30 años después de la democracia, es un
indicador de ello.
Nuestro sistema electoral es poco representativo y se nota. Y esta
escasa representatividad en las Cortes españolas (que se reproduce
en los parlamentos autonómicos) va acompañada de unos partidos, la
mayoría de los cuales están enormemente influenciados por los
mayores medios de información y por grupos de presión, entre los
cuales, el capital financiero es esencial. Así, hemos visto cómo se ha
desarrollado casi un consenso en los establishments políticos y
mediáticos del país sobre la necesidad de retrasar la edad de
jubilación de 65 a 67 años, propuesta legislativa del Gobierno que fue
aprobada casi por unanimidad en las Cortes españolas. Este casi
consenso contrasta con la enorme impopularidad de tal medida entre
la ciudadanía, la gran mayoría de la cual se opone. Según la
Constitución española, el poder del Estado deriva de la voluntad
popular. Pero, si comparamos qué es lo que la ciudadanía desea por
un lado y lo que las distintas ramas del Estado (y, muy en especial, la
rama legislativa y ejecutiva del Estado) aprueban por el otro, el
contraste es significativo.
Otro ejemplo de ello son las medidas que el Estado ha tomado para
salir de la crisis (desde la congelación de las pensiones a los recortes
radicales que se están aplicando a los ya subfinanciados servicios del
Estado del bienestar). Las cotas de impopularidad de estas medidas
son muy altas, lo cual no es obstáculo para que se realicen,
promovidas por la mayoría de los medios de mayor difusión. Tales
medios editorializan y repiten machaconamente que no hay otras
medidas posibles en respuesta a factores “externos”, en este caso,
los mercados financieros. Acentúan con gran intensidad lo de
“externos” a fin de diluir las responsabilidades internas. Pero lo
externo es una mera excusa para realizar lo que los establishments
financiero, empresarial, político y mediático han deseado siempre:
debilitar al mundo del trabajo para optimizar los intereses del capital.
Es lo que solía llamarse “lucha de clases”.
Naturalmente que las clases sociales van variando y su conflicto se
expresa de muchas formas. Pero hoy este conflicto es de la gran
mayoría de la población (clase trabajadora y la mayoría de las clases
medias) frente a una enorme concentración de poder financiero y
económico español que, en alianza con sus aliados extranjeros, está
imponiéndose a la mayoría de la ciudadanía. Por ejemplo, para
reducir el déficit, en lugar de congelar las pensiones y recortar los
gastos en sanidad, educación, servicios domiciliarios y otros, se
podrían haber conseguido 35.000 millones de euros mediante las
cargas impositivas de los sectores más privilegiados (sin afectar a la
mayoría de la población), tal como han sugerido los inspectores de
Hacienda del propio Ministerio de Economía. Es más, mediante la
corrección del enorme fraude fiscal –que beneficia primordialmente a
la banca, a las grandes empresas y a las rentas superiores
(eliminando, por ejemplo, los paraísos fiscales), así como revirtiendo
las reducciones fiscales regresivas llevadas a cabo en los últimos 15
años– podrían obtenerse 80.000 millones de euros más.
No es, pues, lo “externo”, sino lo “interno” lo que está obstaculizando
la expresión del proceso democrático. Y la ciudadanía es consciente
de ello. Encuesta tras encuesta muestra el desapego de la ciudadanía
hacia la clase política y hacia los gobernantes. Nuestra democracia
está seriamente amenazada. De ahí la urgencia de movilizaciones
para continuar la lucha iniciada por las generaciones anteriores en
defensa de la democracia. Nuestros padres lucharon para defender la
democracia y fueron brutalmente reprimidos como consecuencia de
su derrota. Mi generación luchó en los difíciles años cincuenta,
sesenta, y más tarde en los setenta, oponiéndose a la dictadura. Fue
esta lucha y otras las que fueron responsables del fin de la dictadura.
No hay que olvidar nunca que, aun cuando Franco murió en la cama,
la dictadura murió en la calle.
Y es ahora cuando hay que luchar para recuperar la democracia que
está siendo secuestrada, en la que el Estado está tomando posturas
sistemáticamente en contra de la mayoría de la población y en contra
de su deseo. Esto es indignante y requiere movilizaciones populares
basadas en los valores republicanos que exijan al Estado que
responda a la sociedad y no, como está ocurriendo ahora, que se
imponga a ella.
Vicenç Navarro
Este artículo es una reflexión sobre el presente tomando el pasado
como guía de a dónde debiéramos ir. Después de todo, los valores
republicanos son la máxima expresión de los valores democráticos
que tendríamos que sostener en un sistema político, en el cual cada
ciudadano tuviera la misma capacidad decisoria en la gobernanza del
país, sin cortapisas o leyes electorales que den más peso a unos que
a otros, como está ocurriendo en España. La Transición inmodélica de
la dictadura a la democracia produjo una cultura escasamente
democrática y un proceso electoral que estaba diseñado –como han
reconocido algunos de sus diseñadores– para debilitar a amplios
sectores de las izquierdas. Ello ha determinado que, aun cuando las
encuestas muestran que la mayoría de la población española está en
el centro-izquierda e izquierda, las políticas de izquierda (a pesar de
grandes avances) no han dominado la mayoría del comportamiento
legislativo durante el proceso democrático. El sustancial retraso del
Estado del bienestar español (con el gasto público social per cápita
más bajo de la UE-15), 30 años después de la democracia, es un
indicador de ello.
Nuestro sistema electoral es poco representativo y se nota. Y esta
escasa representatividad en las Cortes españolas (que se reproduce
en los parlamentos autonómicos) va acompañada de unos partidos, la
mayoría de los cuales están enormemente influenciados por los
mayores medios de información y por grupos de presión, entre los
cuales, el capital financiero es esencial. Así, hemos visto cómo se ha
desarrollado casi un consenso en los establishments políticos y
mediáticos del país sobre la necesidad de retrasar la edad de
jubilación de 65 a 67 años, propuesta legislativa del Gobierno que fue
aprobada casi por unanimidad en las Cortes españolas. Este casi
consenso contrasta con la enorme impopularidad de tal medida entre
la ciudadanía, la gran mayoría de la cual se opone. Según la
Constitución española, el poder del Estado deriva de la voluntad
popular. Pero, si comparamos qué es lo que la ciudadanía desea por
un lado y lo que las distintas ramas del Estado (y, muy en especial, la
rama legislativa y ejecutiva del Estado) aprueban por el otro, el
contraste es significativo.
Otro ejemplo de ello son las medidas que el Estado ha tomado para
salir de la crisis (desde la congelación de las pensiones a los recortes
radicales que se están aplicando a los ya subfinanciados servicios del
Estado del bienestar). Las cotas de impopularidad de estas medidas
son muy altas, lo cual no es obstáculo para que se realicen,
promovidas por la mayoría de los medios de mayor difusión. Tales
medios editorializan y repiten machaconamente que no hay otras
medidas posibles en respuesta a factores “externos”, en este caso,
los mercados financieros. Acentúan con gran intensidad lo de
“externos” a fin de diluir las responsabilidades internas. Pero lo
externo es una mera excusa para realizar lo que los establishments
financiero, empresarial, político y mediático han deseado siempre:
debilitar al mundo del trabajo para optimizar los intereses del capital.
Es lo que solía llamarse “lucha de clases”.
Naturalmente que las clases sociales van variando y su conflicto se
expresa de muchas formas. Pero hoy este conflicto es de la gran
mayoría de la población (clase trabajadora y la mayoría de las clases
medias) frente a una enorme concentración de poder financiero y
económico español que, en alianza con sus aliados extranjeros, está
imponiéndose a la mayoría de la ciudadanía. Por ejemplo, para
reducir el déficit, en lugar de congelar las pensiones y recortar los
gastos en sanidad, educación, servicios domiciliarios y otros, se
podrían haber conseguido 35.000 millones de euros mediante las
cargas impositivas de los sectores más privilegiados (sin afectar a la
mayoría de la población), tal como han sugerido los inspectores de
Hacienda del propio Ministerio de Economía. Es más, mediante la
corrección del enorme fraude fiscal –que beneficia primordialmente a
la banca, a las grandes empresas y a las rentas superiores
(eliminando, por ejemplo, los paraísos fiscales), así como revirtiendo
las reducciones fiscales regresivas llevadas a cabo en los últimos 15
años– podrían obtenerse 80.000 millones de euros más.
No es, pues, lo “externo”, sino lo “interno” lo que está obstaculizando
la expresión del proceso democrático. Y la ciudadanía es consciente
de ello. Encuesta tras encuesta muestra el desapego de la ciudadanía
hacia la clase política y hacia los gobernantes. Nuestra democracia
está seriamente amenazada. De ahí la urgencia de movilizaciones
para continuar la lucha iniciada por las generaciones anteriores en
defensa de la democracia. Nuestros padres lucharon para defender la
democracia y fueron brutalmente reprimidos como consecuencia de
su derrota. Mi generación luchó en los difíciles años cincuenta,
sesenta, y más tarde en los setenta, oponiéndose a la dictadura. Fue
esta lucha y otras las que fueron responsables del fin de la dictadura.
No hay que olvidar nunca que, aun cuando Franco murió en la cama,
la dictadura murió en la calle.
Y es ahora cuando hay que luchar para recuperar la democracia que
está siendo secuestrada, en la que el Estado está tomando posturas
sistemáticamente en contra de la mayoría de la población y en contra
de su deseo. Esto es indignante y requiere movilizaciones populares
basadas en los valores republicanos que exijan al Estado que
responda a la sociedad y no, como está ocurriendo ahora, que se
imponga a ella.
Vicenç Navarro
sábado, 14 de mayo de 2011
Luces y sombras en el comité
A punto de acabar los 4 años del comité, nos gustaría señalar algún detalle de las últimas semanas de negociaciones con la empresa en aras de que se entienda la dificultad por parte de los compañeros delegados para realizar las funciones para las que han sido votados.
En estas semanas han habido luces más o menos acertadas. Los compañeros de coro, han hecho verdaderos esfuerzos para minimizar los términos en los que la empresa quería proceder en sus calendarios hasta llegar a unos mínimos que, posteriormente han sido votados en asamblea. Por parte de administración, la tarea realizada era casi de misión imposible. Aún así, después de un duro trabajo, también consiguieron minimizar en algún punto el sacrificio exigido. La asamblea posteriormente decidió. En escenario las cosas, lejos de ser fáciles, para nadie lo ha sido, han ido en términos a veces rocambolescos por parte de la empresa. Tanto que una vez explicado en asamblea, la respuesta de esta fue contundente en su negativa.
Quizás se podía haber hecho más, eso no se discute pero, ha habido un intento firme y honesto de llevar las cosas a puerto de la manera más diligente y mejor posible.
También han habido sombras. Estas corresponden a los delegados de la orquesta. Nadie discutirá aquí su igual predisposición ante las adversidades como los demás representantes de los trabajadores. La situación es más crítica y criticable. Tras una retorcida y retórica explicación de las conversaciones con la empresa dadas en asamblea a los compañeros de la orquesta, influyen decisivamente para bloquear todo el trabajo realizado por los demás representantes del comité mostrando una total falta de sensibilidad y solidaridad para con el resto de la plantilla del GTL.
Los delegados pertenecientes a la orquesta expusieron el día 11, en plenario de Comité, que la asamblea de profesores no aceptó la pregunta en los términos que solicitaba el propio comité en la plenaria anterior y objeto de la consulta, que era: ¿aceptáis la modificación del marco laboral (o calendario) que propone la empresa para la temporada 2011-2012? Textualmente y poniendo negro sobre blanco, dictaron una pregunta que nunca fue escrita y parece ser rezo así: ¿Estáis de acuerdo en la flexibilidad que propone la empresa, condicionada a concretar los pactos (o acuerdos) y todo ello condicionado a que se vuelva a votar en la orquesta?
La actitud maniquea, manipuladora, socarrona, despreciable, prepotente, mezquina, ridícula y patética de los miembros de CCOO de la orquesta, hace que unas negociaciones y decisiones del comité que ya podrían estar resueltas, queden en suspenso. Esto hace que la próxima temporada quede todavía incierta para los 400 trabajadores que ansían conocer cual será su más inmediato futuro. Las vacaciones que se tenían que notificar en abril a todos los trabajadores, según convenio (art. 22), seguirán siendo una incógnita dificultando la organización de la vida cotidiana y la conciliación familiar.
Confiemos en que los próximos miembros que se elegirán el día 17 tengan más sensibilidad y respeto por todos los compañeros del GTL, incluidos los de su propio colectivo.
En estas semanas han habido luces más o menos acertadas. Los compañeros de coro, han hecho verdaderos esfuerzos para minimizar los términos en los que la empresa quería proceder en sus calendarios hasta llegar a unos mínimos que, posteriormente han sido votados en asamblea. Por parte de administración, la tarea realizada era casi de misión imposible. Aún así, después de un duro trabajo, también consiguieron minimizar en algún punto el sacrificio exigido. La asamblea posteriormente decidió. En escenario las cosas, lejos de ser fáciles, para nadie lo ha sido, han ido en términos a veces rocambolescos por parte de la empresa. Tanto que una vez explicado en asamblea, la respuesta de esta fue contundente en su negativa.
Quizás se podía haber hecho más, eso no se discute pero, ha habido un intento firme y honesto de llevar las cosas a puerto de la manera más diligente y mejor posible.
También han habido sombras. Estas corresponden a los delegados de la orquesta. Nadie discutirá aquí su igual predisposición ante las adversidades como los demás representantes de los trabajadores. La situación es más crítica y criticable. Tras una retorcida y retórica explicación de las conversaciones con la empresa dadas en asamblea a los compañeros de la orquesta, influyen decisivamente para bloquear todo el trabajo realizado por los demás representantes del comité mostrando una total falta de sensibilidad y solidaridad para con el resto de la plantilla del GTL.
Los delegados pertenecientes a la orquesta expusieron el día 11, en plenario de Comité, que la asamblea de profesores no aceptó la pregunta en los términos que solicitaba el propio comité en la plenaria anterior y objeto de la consulta, que era: ¿aceptáis la modificación del marco laboral (o calendario) que propone la empresa para la temporada 2011-2012? Textualmente y poniendo negro sobre blanco, dictaron una pregunta que nunca fue escrita y parece ser rezo así: ¿Estáis de acuerdo en la flexibilidad que propone la empresa, condicionada a concretar los pactos (o acuerdos) y todo ello condicionado a que se vuelva a votar en la orquesta?
La actitud maniquea, manipuladora, socarrona, despreciable, prepotente, mezquina, ridícula y patética de los miembros de CCOO de la orquesta, hace que unas negociaciones y decisiones del comité que ya podrían estar resueltas, queden en suspenso. Esto hace que la próxima temporada quede todavía incierta para los 400 trabajadores que ansían conocer cual será su más inmediato futuro. Las vacaciones que se tenían que notificar en abril a todos los trabajadores, según convenio (art. 22), seguirán siendo una incógnita dificultando la organización de la vida cotidiana y la conciliación familiar.
Confiemos en que los próximos miembros que se elegirán el día 17 tengan más sensibilidad y respeto por todos los compañeros del GTL, incluidos los de su propio colectivo.
viernes, 6 de mayo de 2011
Bersuit Vergarabat
Ayer vino la Bersuit a Barcelona.
Gran banda argentina.
Dedicamos este tema a nuestros queridos gestores del teatro.
se viene el estallido,
de mi guitarra,
de tu gobierno, también.
Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi guitarra,
de tu gobierno también...
Y si te viene alguna duda
vení agarrala que está dura
si esto no es una dictadura,
que es? que es...?
Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi garganta,
de tu infierno, también
Y ya no hay ninguna duda
se está pudriendo esta basura
fisura ya la dictadura
del rey...!
Volió la mala fue corta la primavera
cerdos miserables comiendo lo que nos queda
Se llevaron la noche, nuestra única alegría
Gente poniendo huevos
para salir de esta rutina.
Se viene el estallido
(haz clik en Bersuit Vergarabat y escucha el tema)
domingo, 1 de mayo de 2011
Generosidad
Después de una serie de reuniones con la empresa con respecto a las intenciones de la misma para la temporada que viene, las conclusiones son claras.
Empiezan pidiendo mucho más de lo que saben que pueden obtener. Retroceden de manera medida para dar muestras de talante dialogante. Pero aprietan, aunque no ahoguen. Tampoco pueden destrozarlo todo. No por falta de ganas sino porque no es tan fácil tomar el pelo a 400 personas.
Las conclusiones finales son diferentes dependiendo del colectivo. Aquí hablaremos del de escenario (ojalá se hagan eco los otros colectivos).
El supuesto motivo económico, es decir, el ahorro que representa su propuesta de calendario, no está para nada explicado. Han dado una cifra del todo exagerada sin explicar el detalle. Ahí se perderían.
Han reducido un título de la temporada y es cierto que con esa medida se ahorra dinero. La cultura da pérdidas. Sin embargo, eso hace que también se haya reducido el volumen de trabajo. Entonces, ¿Para que quieren que recuperemos las horas del mes de septiembre?
Es evidente que, si el trabajo está bien organizado, no es necesario hacer tantos encajes de bolillos para abordar la temporada. Es cierto que rompiendo el convenio, se pueden ahorrar algunas asistencias pero el ahorro que ello supone es ridículo. Se trata también de hacer el trabajo de los compañeros que han sido despedidos, a nadie se le escapa lo mermadas que están las plantillas.
El trabajo que hay en los 10 meses de programación de la temporada que viene es el mismo que en los 10 meses de cualquier otra temporada. ¿Porqué entonces no aprovechar el mes de septiembre para hacer tareas de mantenimiento de nuestros equipos, cursos para ampliar y mejorar nuestras capacidades y seguridad?
La respuesta está en que la intención no es la de ahorrar, sino de imponer.
Se pide a los trabajadores un esfuerzo que conlleva el hacer difícil la conciliación familiar y laboral, los calendarios exigen esfuerzos en tiempo mucho mayores de los que ahora se realizan y, por si fuera poco, se pierden días de compensación, es decir, se trabajarán una media de 7 días más en el arco de la temporada.
Sin embargo, no hay contraprestaciones por parte de la empresa. Cosas sencillas, algún día más de asuntos propios para intentar la conciliación familiar, poder irse a casa cuando, después de acabar la función y hacer todos los trabajos pertinentes, no haya ningún trabajo urgente que realizar (como se ha hecho siempre en este y en la mayoría de teatros), no tener que devolver las horas empleadas en ir a médicos tal y como sigue intentando la empresa. Seguro que todos tenemos más ideas sobre como compensar el sobre esfuerzo gratuito que se nos pide. No existe una política de gestos, no hay intención de tener cintura para hacer menos penoso el esfuerzo exigido.
En pocas palabras: gestores del GTL, si queréis tener una plantilla ilusionada e involucrada, devolved a los trabajadores su generosidad.
Empiezan pidiendo mucho más de lo que saben que pueden obtener. Retroceden de manera medida para dar muestras de talante dialogante. Pero aprietan, aunque no ahoguen. Tampoco pueden destrozarlo todo. No por falta de ganas sino porque no es tan fácil tomar el pelo a 400 personas.
Las conclusiones finales son diferentes dependiendo del colectivo. Aquí hablaremos del de escenario (ojalá se hagan eco los otros colectivos).
El supuesto motivo económico, es decir, el ahorro que representa su propuesta de calendario, no está para nada explicado. Han dado una cifra del todo exagerada sin explicar el detalle. Ahí se perderían.
Han reducido un título de la temporada y es cierto que con esa medida se ahorra dinero. La cultura da pérdidas. Sin embargo, eso hace que también se haya reducido el volumen de trabajo. Entonces, ¿Para que quieren que recuperemos las horas del mes de septiembre?
Es evidente que, si el trabajo está bien organizado, no es necesario hacer tantos encajes de bolillos para abordar la temporada. Es cierto que rompiendo el convenio, se pueden ahorrar algunas asistencias pero el ahorro que ello supone es ridículo. Se trata también de hacer el trabajo de los compañeros que han sido despedidos, a nadie se le escapa lo mermadas que están las plantillas.
El trabajo que hay en los 10 meses de programación de la temporada que viene es el mismo que en los 10 meses de cualquier otra temporada. ¿Porqué entonces no aprovechar el mes de septiembre para hacer tareas de mantenimiento de nuestros equipos, cursos para ampliar y mejorar nuestras capacidades y seguridad?
La respuesta está en que la intención no es la de ahorrar, sino de imponer.
Se pide a los trabajadores un esfuerzo que conlleva el hacer difícil la conciliación familiar y laboral, los calendarios exigen esfuerzos en tiempo mucho mayores de los que ahora se realizan y, por si fuera poco, se pierden días de compensación, es decir, se trabajarán una media de 7 días más en el arco de la temporada.
Sin embargo, no hay contraprestaciones por parte de la empresa. Cosas sencillas, algún día más de asuntos propios para intentar la conciliación familiar, poder irse a casa cuando, después de acabar la función y hacer todos los trabajos pertinentes, no haya ningún trabajo urgente que realizar (como se ha hecho siempre en este y en la mayoría de teatros), no tener que devolver las horas empleadas en ir a médicos tal y como sigue intentando la empresa. Seguro que todos tenemos más ideas sobre como compensar el sobre esfuerzo gratuito que se nos pide. No existe una política de gestos, no hay intención de tener cintura para hacer menos penoso el esfuerzo exigido.
En pocas palabras: gestores del GTL, si queréis tener una plantilla ilusionada e involucrada, devolved a los trabajadores su generosidad.
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