viernes, 5 de octubre de 2012

Una orquesta mutilada


 Después de los últimos despidos la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo cuenta con sólo 67 músicos en la nueva temporada 
Estos días el Gran Teatro del Liceo abrió sus puertas a una nueva temporada con grandes obras operísticas y sorprende pese a la crisis con la participación de las voces más destacadas del momento como Anna Netrebko, Rolando Villazón y Roberto Alagna. Una buena ocasión para hacer olvidar la anterior temporada que después de graves problemas económicos sólo se llevó a término gracias al conjunto de los trabajadores que hicieron un gran sacrificio en reducir sus salarios durante un período determinado para compensar una parte importante del déficit de la institución.

Pero la temporada no terminó con la última representación de la ópera Aida. Sólo unas horas después de que resonaran los últimos compases de la partitura verdiana sonaron los teléfonos de once músicos de la orquesta sobre las nueve de la mañana. Citados al teatro fueron despedidos en un acto frío y rápido. La segunda gran purga en sólo 24 meses. Once carreras musicales más terminadas en pocos minutos, destrozadas después de toda una vida de disciplina y prácticas diarias. Al mismo tiempo se están perdiendo todas las posibilidades de un gran futuro artístico que ofreció el renacimiento del coliseo barcelonés hace poco más de una década después del incendio desastroso en 1994.

La orquesta del nuevo teatro contaba entonces con aproximadamente 100 músicos. Hoy quedan 67. Cuesta creer que una de las máximas prioridades del Director General del Liceo, Joan Francesc Marco, consiste en “perfeccionar la calidad artística de la Orquesta Sinfónica y el Coro del Liceo y mejorar la proyección internacional del Liceo” como se puede leer en la página de Internet del teatro. Con la reducción de la orquesta sin ton ni son no sólo se han perdido once músicos más sino también el equilibrio entre los diferentes grupos instrumentales de tal manera que ya no se puede hablar de una formación de orquesta completa. Hay 14 violines primeros, pero sólo cuatro contrabajos y en algunos grupos de los instrumentos del viento quedan sólo dos de los cinco músicos previstos, faltando hasta ambos solistas. Arpa ya no existe ninguna desde hace dos años. El conjunto de los trabajadores estaba en cualquier momento dispuesto a negociar con la dirección del teatro para salvar tanto la plantilla como la calidad artística de la institución. Todos estos intentos fueron en vano. Los grandes teatros de ópera europeos disponen de orquestas con plantillas entre 100 y 140 miembros fijos. Con menos de 70 músicos la orquesta del Gran Teatro del Liceo baja a segunda división.

El público tiene que ser consciente que este agujero gigante se llenará con músicos suplentes que no han participado en ninguna oposición en el Liceo para comprobar su nivel musical, cosa habitual en otras orquestas. Los músicos profesionales ganamos nuestras plazas y obtuvimos nuestros contratos indefinidos a través de una oposición, un concurso de tres rondas eliminatorias muy duras donde suelen competir una infinidad de candidatos para así garantizar la máxima calidad artística para un público que en el Liceo en la actual temporada paga hasta 238,75 euros por una sola entrada, mucho más que en otros teatros de ópera en Europa.

Los despidos no fueron artísticos. La dirección del teatro utilizó el despido económico para deshacerse de unos músicos muy experimentados y responsables que por motivos personales de algunos directivos (y lamentablemente por la recomendación de un grupo de compañeros que optaron por pactar con ellos) no encajaban en el perfil de la institución y para hacer callar a aquellos que se quejaban desde hace tiempo sobre la permanente y arbitraria desigualdad en trato y sueldo que reina en la organización de la orquesta.

El yernisimo
Un gran vacío aparece a la hora de pedir responsabilidades. La selección de los once músicos la elaboró (según el director del Departamento de Recursos Humanos) el Departamento Musical, cuya gerente aprovechó el hecho de jubilarse unos días antes de los despidos para dejar la lista negra preparada y así eludir su presencia en el acto de los despidos dejando su cargo a su yerno. El designado titular Josep Pons tampoco quiso pronunciarse cuando la orquesta unos días antes pidió su opinión sobre los rumores de los despidos contestando que él no tenía competencia para actuar en ese momento. Un silencio sorprendente y totalmente incomprensible ya que se trata de un acontecimiento que afectará drásticamente su ambicioso proyecto musical que acaba de presentar en la prensa y que poco tiene que ver con la realidad ya que la orquesta cuenta con 30 vacantes. Durante la presentación, así lo podemos leer en la página de Internet del Liceo, Joan Francesc Marco insistió que “la personalidad artística de un teatro de ópera la dan fundamentalmente la orquesta y el coro y hoy, con la llegada de Josep Pons, este objetivo se ha cumplido”. Si la cosa es así, ¿por qué destrozan justamente la orquesta?

El Mestre
Es lamentable que en una de las instituciones culturales europeas más destacadas que es el Gran Teatro del Liceo se hayan perdido valores humanos como la responsabilidad, la honestidad y el respeto donde al contrario el primer objetivo debería ser que a través de la cultura se conserven y transmitan precisamente estos valores. En el Liceo optan por la humillación del trabajador: sólo cinco días antes de los despidos el Departamento Musical publicó la lista de los músicos que tocarían la primera ópera de la nueva temporada. Para no dar ninguna pista prematura salían en ella también los nombres de los músicos que fueron despedidos poco después. Como si se tratara de un juego, tipo Gran Hermano. Los 67 músicos que se han salvado por esta vez ya pueden empezar a preguntarse quiénes serán los siguientes nominados.

Es muy difícil que ante una amenaza constante de despidos suene una música mágica desde el foso. El gran proyecto bajo la batuta del nuevo titular que “posicionará las formaciones musicales del Gran Teatro del Liceo y la institución catalana al más alto nivel”, proclamado así en la página de Internet del teatro y anunciado repetidas veces en los medios de comunicación, es en efecto el lento desmantelamiento de una orquesta de ópera muy experimentada y sólida y a la vez el intento de vender a un público operístico fiel y apasionado de gran tradición en Cataluña un producto que no corresponderá a la realidad.

De manera semejante engañó la dirección del Gran Teatro del Liceo a un público ignorante chino el año pasado cuando “La orquesta de cámara del Liceo conquistó Pekín” (“La Vanguardia”, 8 de mayo 2011). Los músicos que tocaron bajo el nombre del Gran Teatro del Liceo en la China e incluso comentaron los conciertos en la prensa eran todos músicos que no pertenecen a la plantilla de la orquesta. La orquesta del Liceo estaba en aquel momento preparando el estreno para la ópera “El cazador furtivo” en Barcelona. Este tipo de política no se debería aceptar. Es triste que la euforia del nuevo teatro haya tardado tan poco tiempo. La crisis, esto es cierto, no es la única responsable.

D. Biehler
(ex miembro de la orquesta del Gran Teatro del Liceo, despedida el día 31 de julio 2012)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El discurso de Pons es igual que el discurso de Artur Mas sobre la independencia ocultando que habrá nuevos recortes y subidas de precio. Este Sr Pons ha venido para despedir mas gente diciendo que va ha subir el nivel de la orquesta¿Como lo va ha subir cuando el no viene mas que 2 meses al año? este lo único que ha hecho ha sido crear un clima de pánico y que nadie este seguro de que mañana no va ha estar en la calle. Su discurso es un discurso político para quedar bien políticamente y vamos ha ver como va ha sonar dentro de dos años esta orquesta. De momento, el ambiente en la orquesta es muy malo y es difícil hacer arte en este ambiente. Este señor habla como un administrador no como un músico. Para demostrar que eres bueno haz que la orquesta que esta suene bien tal y como ha echo Ricardo Mutti cuando nos ha dirigido y parecía otra orquesta. Creo que este señor es mas político que músico..saludos

Un Musico

Anónimo dijo...

Estimado UN MÚSICO:

Estoy de acuerdo contigo. Yo aún diría más: menos mal que sólo dirigirá dos meses en el Liceo. Mucho me parece. Así como un buen director puede hacer que suene bien una orquesta que dirigida por mediocres es aparentemente mediocre, lo contrario es imposible: un mal director nunca conseguirá mejorar una orquesta. Incluso puede hacer que una buena parezca mala.
Y la labor de Pons en una orquesta es devastadora. En lo musical, empieza por “transparentar”, obviando los pasajes técnicamente difíciles pero ensayando una y otra vez redondas y blancas y fraseos al estilo gregoriano, lo que aburre al profesional y atormenta al músico. Da patadas y bufidos, hace extraños ruidos de aspiración por la nariz (¿quizá sinusitis?) y emite un constante y molesto siseo de petición de silencio. Pero yo creo que su peor defecto es su falta de claridad. No es claro ni con los gestos ni con la batuta, lo que ni siquiera lo eleva a la triste categoría de batutero. Su falta de elegancia en la figura es proverbial. En fin, no tiene desperdicio.
Como compensación a esta falta de aptitudes profesionales, ha desarrollado una extraordinaria habilidad para mantenerse en el puesto. Disfrazado de hombre afable, cuando llega a una orquesta estudia la situación que ocupa cada músico en la escala social y, aplicando la táctica del divide y vencerás, crea varias facciones profundamente enfrentadas entre ellas mediante el procedimiento de escoger un bando amigo al que erige en juez de todos los demás. Con la colaboración de este grupito “de élite”, poco a poco va colocando estratégicamente sus fichas y relegando a los que no le bailan el agua. Cuando alguien cae entre sus garras, aprovecha la búsqueda de un lápiz o una ligera tosecilla para lanzarle una mirada pretendidamente asesina que será el principio del procedimiento de caída en desgracia. Pero como es de los que tiran la piedra y esconden la mano, él se ausentará durante unas semanas y alguien se encargará de llamar a la víctima en su nombre para darle la desagradable noticia.
Su hipocresía no tiene límites. Yo sé de tres músicos que, por separado y sucesivamente, le han explicado la situación real de su orquesta y a todos les ha dado la misma respuesta, algo así como: “Hosti, tu, no sabía nada”. Lo que nos cuenta Biehler lleva el sello Pons. Y la Administración, encantada con él. Nadie se mueve, aterrados con la sombra del paro. Pero no nos equivoquemos, los culpables somos nosotros, los propios músicos.